Quieres a una persona, pero no puedes reconocerlo, básicamente por miedo, miedo al dolor, pero antes del dolor, viene la alegría.
Y la alegría paso, y el miedo vino. Ese miedo que se cierna en tu sombra, y que cuando no te diste cuenta, se liberó.
Yo si le quiero, mucho, pero por miedo se fue. Y las lágrimas caen. Solo el las puede parar. Pero el ya no esta, tanto soportó, que se cansó.
Solo pido verle, verle una vez más y abrazarlo, para siempre, sin que nada pase.
La culpa es mía, lo sé, soy imbécil, que le vamos a hacer, he hecho daño sin querer hacerlo.
Lo siento. No sirve de nada, lo sé, pero lo siento.
Puede que el sea la primera persona a la que quiero de verdad, y por imbécil esta persona se va a ir, pero le seguiré queriendo ya que es una pequeña parte de mí, la cual he soñado miles de veces en besarle, sin que nada nos interrumpiese. Pero eso no paso. Ni pasa. Ni pasará.
Todo termina a la vez que empieza, y no se le puede hacer más.
Por mucho que piense en la frase de "vive el presente y deja el futuro" es imposible. El mañana se me viene a la cabeza una y otra vez.
Miles y miles de ilusiones, que se van como el humo.
Un adiós,
y un lo siento.
Un te quiero, también, y
aunque no lo creas,
lo siento de verás,
este dolor me quema y nada lo puede parar.
Te quiero,
y no hay más.
Te quiero,
sin fin.
Te quiero,
aquí.
Te quiero,
a ti.
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